finalmente sanarás tus heridas de financia
Romper un ciclo es posible, pero no basta con entenderlo, necesitas hacer algo diferente; por eso trabajo con personas que ya están cansadas de repetir lo mismo y están listas para tomar decisiones radicales, y si sientes que ese es tu momento, haz clic en el botón de abajo.
“Durante la experiencia, viví algo que nunca había podido lograr antes. Siempre me había costado muchísimo conectar con mis emociones… sentía que había algo bloqueado dentro de mí, especialmente con todo lo que viví en mi infancia.
Ese día, por primera vez, pude conectar con una parte de mí cuando era niño. Y lo que encontré fue dolor… heridas… muchas cosas que habían estado ahí por años, pero que yo no había sabido cómo enfrentar.
Pero esta vez fue diferente.
Pude acercarme a ese niño, hablarle, darle palabras… y abrazarlo. Y en ese momento sentí cómo algo empezó a cambiar dentro de mí. Como si algo que había estado roto por mucho tiempo finalmente comenzara a sanar.
Fue una experiencia muy profunda… y puedo decir que hubo una sanidad real en mi interior.”
“Durante la experiencia, pude ver algo dentro de mí que nunca había reconocido con claridad. Conecté con una parte que había estado evitando sentir… como un niño amargado, resentido, que decidió cerrarse por completo.
En ese momento entendí por qué.
Desde muy pequeño, cuando me sentía mal, no encontraba contención… al contrario, era castigado o invalidado. Y cuando me sentía bien, tampoco era aceptado. Era como si lo que yo sentía nunca estaba bien. Con el tiempo, aprendí a no sentir nada.
Pero en este espacio pude verlo… reconocerlo… y entender de dónde venía.
Eso cambió algo en mí.
Ahora sé que esa parte no es el problema, sino una respuesta a lo que viví. Y estoy listo para iniciar un proceso más profundo de sanidad, para poder trabajar con esa parte de mí que se cerró y que ha estado afectando mis relaciones y mis emociones por tanto tiempo.”
Nieves sanó su niña interior y heridas grandes con su papá, Joyce tuvo restauración con su familia, Stephanie tuvo sanidad profunda y liberación, Delia pudo sanar su relación con su hija... y mucho más!
¡Angel sano su autoestima, Patty sintió el peso de su dolor salir de ella, Aldana pudo encontrar claridad para avanzar, Ivan tuvo cambio drástico de vida y obtuvo esperanza, Shekina pudo romper su miedo a emprender y ahora su empresa está prosperando!
Catalina tuvo un cambio casi inmediato en sus hábitos. Se fue la carga emocional y ¡comenzó a vivir los hábitos que siempre quiso empezar!
Delia fue sana de la amargura hacia su familia e hija. Restauró su relación con su hija y sano heridas profundas contra sus padres. ¡Comenzó a crecer financieramente!
Paty venció sus temores y empezó un nuevo emprendimiento que se convirtió el sustento principal para su familia. Sanó su relación con Dios y con ella misma.
Shekina sanó su relación con ella misma, pudo finalmente abrir su emprendmiento y vencer la mentalidad de pobreza. Creció en su autoestima y rompió ciclos generacionales.
Ángel se sentía estancado espiritualmente y pudo sanar heridas muy grandes con su padre y sanó recuerdos muy traumáticos.
Mariela pudo empezar a reconstruir su vida, autoestima y sanar su relación con su hijo, después de una ruptura de un matrimonio de muchos años.
“Waaaw… no pensé que este tremendo milagro iba a llegar tan rápido a mi vida.
Creí que me iba a costar mucho poder hablar con mi mamá.
El día de ayer, después de la clase, mi mamá me visitó. Hace casi un año que no la veía porque vivimos lejos. Cuando la vi, por primera vez en mi vida sentí felicidad y paz.
Empezamos a conversar…
y le conté todo lo que había pasado en la clase.
Le pedí perdón por haber estado enojada con ella durante tantos años.
Le hablé de cómo me sentí… y también le dije que la perdonaba.
Ella me respondió:
“Hija, yo no sabía que te había hecho tanto daño…”
Se acercó… me abrazó fuerte… y lloramos juntas por mucho tiempo.
Me pidió perdón por no haberme visto, por no haberme escuchado, por no haber estado para mí.
Me dijo que me amaba… que siempre me había amado.
Me acarició la cabeza con tanto amor…
y me abrazó hasta que dejé de llorar.
Oró por mí…
y le pidió a Dios que sane mi corazón.
Hoy puedo decir que me sentí como una niña otra vez…
pero esta vez, amada.
Nunca había sentido tanto amor sincero de parte de mi mamá como ese día.
Gracias Abraham por elegirme…
y gracias a Dios por este milagro que jamás imaginé vivir.”
- Testimonio real de participante
“En una sesión de coaching, Dios me reveló un pecado que había cometido antes de conocerlo.
Fue muy difícil enfrentar eso… porque sabía que podía traer consecuencias fuertes a mi vida.
Pero Dios me llevó a confesarlo.
Me aferré a esa verdad:
‘la verdad me haría libre’.
Dios me habló claramente…
me dijo que Él estaría conmigo, que debía ser valiente y responsable, y que esto iba a traer un cambio profundo más allá de las consecuencias.
Fueron dos sesiones en las que fui preparado en valentía, verdad y honor para dar ese paso.
Y lo hice.
Después de confesar… algo cambió completamente.
Sentí que una barrera se derribó.
Mi relación con Dios se volvió más clara, más profunda.
Pude experimentar que su amor echa fuera el temor.
Hoy puedo decir que confiar en Él es una garantía… incluso cuando uno ha fallado.
Este acto de valentía no solo me transformó a mí…
sino que impactó a las personas que amo… incluso a las siguientes generaciones.
Estoy profundamente agradecido con Dios…
y por haber puesto este proceso en mi camino.”
- Darío
“Qué libertad la que he experimentado al realizar estos ejercicios.
Dios me ha mostrado claramente traumas de la infancia que estaba repitiendo en mi vida.
No solo fue un proceso emocional… fue profundamente espiritual.
Hoy siento paz, una paz que antes no tenía.”
- Lilian Ariza
“Durante mucho tiempo, sentía que me castigaba a mí misma, como si llevara una carga que no me permitía avanzar.
Gracias al reto ‘El poder del perdón’, aprendí a mirarme con compasión y a tratarme con amabilidad.
Hoy entiendo que merezco compasión, y he comenzado a perdonarme por todo aquello que no sabía y que me dolía.
Ahora siento una paz que nunca antes había experimentado, y estoy empezando a valorar quién soy con nuevos ojos.”
- Katty Katiuska
“Siempre me gusta tener un horario para determinada actividad, levantarme a las 5 a.m. y organizar mis tareas.
Pero nunca había hecho un reloj de actividades diarias, y me he dado cuenta de que hay muchas cosas que he dejado de hacer por meterme a cursos.
Después me falta tiempo para otras tareas, y en la noche, cuando quiero hacer lo pendiente, me agobia porque ya tengo sueño.
Me acuesto a más tardar a las 10 p.m…
¡Necesito dejar algunas tareas para tener más tiempo!”
- Gisela Vega
“Me di cuenta de que no era falta de ganas… era falta de enfoque.
Estaba haciendo muchas cosas, pero sin dirección clara.
Este proceso me ayudó a detenerme, ordenar mis pensamientos y entender qué es realmente importante para mí en este momento.
Ahora siento que tengo más claridad para avanzar, sin sentirme abrumada como antes.”
- Testimonio real de participante
“Las sesiones de coaching han sido una de las herramientas más poderosas de Dios en mi proceso de sanidad.
Me encontraba muy mal…
con estancamiento en varias áreas que NO podía superar.
Intentaba avanzar… pero volvía al mismo punto.
No entendía qué me pasaba.
Pero en el proceso… algo cambió.
Empecé a tener claridad.
Hoy veo un panorama mucho más amplio de mi vida.
Puedo entender mi esencia… mi diseño… mi propósito.
Ahora me siento firme.
Con dirección.
Y con una identidad mucho más clara.
Ya no estoy perdida.”
- Milagros Rodriguez
“Participar en este proceso fue un antes y un después para mí.
Pensaba que ya había perdonado…
pero me di cuenta de que aún había emociones que no había procesado.
Al comenzar a hacer los ejercicios…
los recuerdos empezaron a salir con mucha fuerza.
Fue como un sacudón.
Pero necesario.
Hoy entiendo que mi prioridad es sanar mi corazón…
conocerme, aceptarme…
y poder relacionarme mejor con los demás.
Este proceso me ayudó a ver lo que no estaba viendo.
Y aunque aún hay camino por recorrer…
siento esperanza.
Siento que algo dentro de mí ya empezó a cambiar.”
- Joyce Büller